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Contingencia COVID-19

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Escribo esto para, sí Dios lo permite, recordar un tiempo de la historia del mundo que me ha tocado atestiguar. De un tiempo acá, me ha parecido que la ficción de la que tanto disfruto se ha apoderado de la dimensión que yo pensaba, aclaro, era la realidad. Hoy es 8 de mayo de 2020 y me he animado a escribir. Mis dedos han permanecido en silencio, mis pensamientos han brincado de un lado a otro y desde que empezó el año, admito, he sufrido de ansiedad y estrés. Primero porque 2020 estaba planeado para marcar un antes y un después para mí, pues haría realidad un viaje anhelado. Todo estaba listo y, preparándome para el viaje empecé desde enero a leer noticias locales de París para irme haciendo a la idea de ser una citadina parisina, pues los viajes fueron comprados desde noviembre 2019. Algunas noticias de China y un virus parecido al SARS aparecían entre los diarios internacionales que leía. Pero el 30 de enero, en mi cumpleaños, la Organización Mundial de la Salud, emitió la alerta p...

Hubo una vez

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Hubo una vez un tiempo en el que no me gustaban mis pies. Los sentía enormes, delgados y con dedos tan largos y tortuosos que daban miedo. No sé cuando fue que tomé conciencia de su fealdad, si yo sola me dí cuenta o fueron los comentarios obcecados de mi hermana mayor. Lo que sí recuerdo era que estaba en ese periodo entre los diez y trece años, al menos, cuando uno empieza a tomar en cuenta las opiniones de los demás para formarse una opinión propia de uno mismo. Así que escuché y comparé mis pies con los de mis hermanas. En verdad, los míos eran mucho más grandes y largos. Por esas fechas, empezaba a devorar libros, leía completito cada tomo de las enciclopedias. Las dos grandes enciclopedias eran la Nueva Enciclopedia Temática y la Enciclopedia el Nuevo Tesoro de la Juventud. En esta última había una sección que se llamaba "Narraciones interesantes". En esas lecturas, recuerdo haber leído la historia oriental de una joven que lloraba desconsoladamente por lo grandes que e...

Diario de un viaje

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Al lector: Esta es una relatoría de un corto viaje a una ciudad cosmopolita hecho por una madre y su hija. No pretende ser sino el descolorido recuerdo de una vivencia en un tiempo y momento determinado de quien aquí escribe y, quizá la versión de una y otra no sea la misma, aunque ambas sean mujeres, sus edades, intereses y visión de la vida son distintas. Aquí la versión de la madre. Hemos arribado a Nueva York entre el 9 y el 10 de julio, en el intersticio de la medianoche y el nuevo día. Bajamos del avión después de cinco horas de vuelo desde Guadalajara, tiempo en el que traté de dormir aun y con la ansiedad a cuestas de mis eternos e intrínsecos temores de siempre. Este viaje producto del destino, me ha hecho enfrentarme a los miedos con los que fui educada. Y mi compañera de aventuras, es esa niña de 4 años con rizos a la que hemos tratado de educar en la confianza y en toma de riesgos sin miedos, ahora con veinte años más a cuestas y ávida de experiencias de vida. Tomamos nu...

Binaria

Estoy en el punto de equilibrio. Hago la balanza, lo bueno, lo malo. Hay paz y confio en que he cumplido. Dejé de hacer cosas por miedo, sí... fue mi elección. Tomé decisiones equivocadas, las hubo también acertadas. Si bien sopesadas, acción y reacción siempre valoradas. Estoy en el punto preciso del balance cero. Cargos y haberes, saldos, costo bruto, ni ganancia ni pérdida. No hay números rojos o azules. Suspendida en el instante como el colibrí hace cuando contrarresta la fuerza de gravedad. Como el campo magnético cero ejercido en el alambre por una paloma. Reconozco el valor preciso de la Paz. Un alma quieta, la brisa marina y olorosa, la sensación a tierra mojada, la mirada serena del mar en calma, el arcoiris sonriente tras la lluvia con sol de la tarde, el suave caer de una hoja, el vuelo del ave sobre un río, la llegada de las sombras tras el día, el trinar de pájaros por la mañana, las mejillas de los niños sonrosadas al calor del sol, la luna brillante y completa asomad...

Sin cuenta

Llegué sin darme cuenta, aunque los conté año con año, al final, perdí la cuenta y me quedé sin cuenta. Ni edad de oro ni cabello plata y menos quebrar la piñata. De diez en diez cinco veces y en tostón se convierten. Ni viejos los cerros se vuelven pues cada primavera reverdecen. Así que el ciclo se repite y quien nace en primavera no envejece, de experiencia dicen, enriquece. Se sube el último escalón sabiendo la bajada cercana. En romano, L igera, como una patita estirada dejo atrás el XLIX. Me rehuso a la cuenta y mejor me quedo sin cuenta, aprovecho mi nombre "nacida en primavera". Ya lo decía papá: más sabe el diablo por viejo... no importa entonces que no sepa porque no llegaré a vieja, aunque siga ganando experiencias por medio siglo más, si Dios asiente.

La máquina del tiempo

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Hace una semana descubrí una máquina del tiempo. Acababa de terminar una caminata de una hora cuando de reojo descubrí esa compuerta en el centro del parque. Sentí en el interior un jaloneo que me incitaba a acercarme. Lo hice primero, con pequeños pasos y viendo a mis costados que no hubiera nadie más. Los años a cuestas dictaban alejarme, pero en mi interior unos ojos de niña atrevida se encendieron y tomé valor para llegar hasta ahí y sentarme, tomar las cadenas de los costados, subir mis pies alejándolos del suelo para estirar las piernas e iniciar el suave balanceo de atrás a adelante, doblar las piernas y volver a estirar. Mientras mis ojos cerrados ayudaban a la memoria episódica a traer esa sensación olvidada de vuelo con la cara al viento. El tiempo pareció detenerse mientras mi ser fluía en concordancia; abrí los ojos y vi mis piernas achicarse al igual que mis brazos, sentí mi corazón bombear, mis cachetes calentarse al sol y los ojos chispeantes se abrían y cerraban en di...

2049: El algoritmo

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2049: El algoritmo En un mundo disímil no hay un solo camino sino cristales diversos que dibujan diferentes realidades, por ello, el futuro no escrito se reconfigura en acciones. Catalina cumple este 30 de enero sus 80. Nació cuando los Beatles cantaban su último concierto sobre una azotea. Quien lo dijera que su pasión por el conocimiento la tendrían aun trabajando y yendo y viniendo de un lugar a otro sin moverse un ápice de su silla. Ha tenido un día ajetreado ofreciendo asesoría a jóvenes de Nigeria en su propio idioma usando su avatar preferido, pues participa como voluntaria en el Centro Mundial ProConocimiento donde adultos mayores apoyan como mentores a niños, jóvenes y adultos a solventar brechas de inequidad educativa. Estas personas de la tercera edad que con los avances tecnológicos han aumentado su esperanza de vida han encontrado en esta actividad una respuesta a la soledad y una motivación para continuar siendo productivos en esta sociedad tecnológica a la que ha...